Keiko Fujimori, la obstinada heredera de un clan que disputa su cuarta elección en Perú
Keiko Fujimori conoce bien la derrota: disputó y perdió tres veces la elección presidencial en Perú. Pero ahora, a sus 50 años, esta heredera de una controvertida dinastía política puede estar ante su mejor oportunidad de saltar al poder.
La hija del exmandatario autócrata Alberto Fujimori (1990-2000) encabeza el conteo oficial y se encamina al cuarto balotaje de su carrera, ante un rival todavía por definir.
En un país que cambia de liderazgos a un ritmo febril, con ocho presidentes en los últimos diez años, Fujimori es probablemente la única candidata -entre un récord de 35 postulantes- cuyo nombre es conocido en todos los rincones del país.
"No tiene que pelearse por hacerse conocer (...), es una 'marca' que está bien posicionada, te guste o no", dice el politólogo Jorge Aragón. Y puede que su cuarta tentativa sea "la vencida", estima el analista.
Siempre vestida impecable, Keiko Fujimori creció entre los pasillos del poder y se presenta como una profesional de la política. Mientras otros candidatos lidian para estructurar un mensaje, ella muestra una campaña planificada.
Administradora graduada en Estados Unidos, ha sido parlamentaria, jefa de su partido Fuerza Popular y primera dama del gobierno de su padre a los 19 años. Junto a él, se codeó con jefes de Estado y líderes internacionales.
Figura central de la política peruana, Alberto Fujimori gobernó el país andino en los convulsos años 1990. Derrotó la sanguinaria insurrección del grupo maoísta Sendero Luminoso y controló una hiperinflación, pero también fue condenado por corrupción y violaciones de derechos humanos.
Ella también pasó más de un año en prisión preventiva, investigada por presunto lavado de activos por el escándalo de corrupción Odebrecht.
- Apellido con sombras y luces -
Por décadas, Keiko no ha podido desprenderse de las luces y sombras de su apellido, que le asegura contactos y un electorado sólido, pero también genera un profundo rechazo.
Esta es su primera elección sin su padre, fallecido en 2024. El domingo de los comicios visitó su tumba.
"Lo extraño", dijo en una entrevista con la AFP en vísperas de la elección. "Pero en todos los sitios a donde voy (las personas) me lo recuerdan y me cuentan anécdotas, que es la cosa más linda", comentó.
Millones de peruanos, sin embargo, se niegan a votar por algún miembro de este clan de orígenes japoneses, un rechazo que polariza desde hace décadas al país andino.
"En los últimos 25 años nos han gobernado gobiernos antifujimoristas", dice Fujimori, aunque exceptúa al de Alan García (2006-2011). "Todos los demás se dedicaron a insultar, a generar odio y división de los peruanos".
Con la ola de criminalidad que golpea al país, ella piensa que su apellido es más bien un activo: "Yo creo que el tiempo, la historia, le está dando a mi padre el lugar que se merece".
Percibida como una política beligerante, esta madre de dos hijas, divorciada, busca ahora ablandar su imagen y presentarse más conciliadora.
"He cometido errores también, en tener momentos de mucha confrontación", reconoció.
Aunque no abandona el espíritu combativo.
La noche de la primera vuelta, tras las primeras proyecciones se apresuró a celebrar la supuesta derrota del "enemigo", la izquierda.
Los conteos parciales no descartan sin embargo que su rival en el balotaje sea un socialista. Los comicios se prolongaron hasta el lunes debido a fallas logísticas en algunos distritos de Lima.
Fujimori se ofrece ante los electores como la opción segura para frenar la inseguridad, la principal inquietud de los peruanos que domina los discursos de campaña.
"Hoy, cuando el Perú se desangra por los delincuentes y los extorsionadores, lo que piden es un Fujimori. ¡Acá estoy!", dijo.
Promete "recuperar el orden" en los primeros 100 días de su eventual gobierno.
¿La recordarán más que a su padre? "Tengo la valla alta y espero superarla", dijo.
(A.Johnson--TAG)