Un remoto pueblo de Groenlandia apuesta por la normalidad frente a la presión estadounidense
Dorthe Olsen mira fotos de la primera cacería de su nieto. En Sarfannguit, un pueblo de apenas 100 habitantes enclavado en los fiordos de Groenlandia, la maestra se niega a dejar que las turbulencias geopolíticas con Estados Unidos alteren su vida cotidiana.
Fundado en 1843 y situado a 36 kilómetros al este de Sisimiut, segunda ciudad de Groenlandia, a este pueblo que vive principalmente de la pesca y la caza, se puede llegar en barco en verano y en moto de nieve o trineo de perros en invierno.
A comienzos de febrero, solo rompe el silencio el viento que azota a las pequeñas casas de colores dispersas en las alturas de la localidad.
Las viviendas parecen, en su mayoría, vacías. Al final del camino, algunos niños, con gorros de El Hombre Araña y mejillas enrojecidas por el frío, juegan a correr y atraparse.
"Todo está muy tranquilo aquí", relata la mujer de 49 años, al recibir a la AFP en su casa con pasteles y dulces caseros, el "kaffemik" en groenlandés.
Cuenta que lloró de orgullo cuando su nieto mató su primer caribú a los 11 años, y prefiere hablar de su familia antes que del presidente estadounidense.
Detrás de ella la gran pantalla plana del televisor transmite un partido de fútbol de la Premier League.
Una semana antes, en Nuuk, la capital, la ministra de Salud y Discapacidad, Anna Wangenheim, aconsejó a los groenlandeses permanecer en familia y reconectar con sus tradiciones para superar la presión psicológica provocada por las amenazas de Donald Trump, que repetía querer apoderarse de la inmensa isla ártica.
Antes de dar marcha atrás, la retórica de Trump "tuvo un impacto importante en las emociones de muchas personas en las últimas semanas", señala Wangenheim.
- Impotente -
Olsen asegura que esta crisis geopolítica le "importa poco y que los groenlandeses pueden superarla".
¿No le preocupa la ubicación remota de su pueblo si llegara a ocurrir lo peor? "Por supuesto, me preocupan quienes viven en pueblos aislados. Si ocurriera algo, si hubiera una guerra, inevitablemente nos sentiríamos impotentes", admite.
Lo único que se puede hacer es "vivir con normalidad", insiste.
Este es el mensaje que intenta transmitir a sus alumnos, que siguen la actualidad principalmente en TikTok. "Les explico que lo importante es seguir viviendo como estamos acostumbrados", subraya.
Su marido regresó de la caza con una gran bolsa de plástico en la mano. Contiene una foca despellejada. Dorthe corta el hígado crudo en pequeños trozos y lo ofrece a su familia y amigos reunidos en su casa.
"Es la parte favorita de mi nieta", exclama, con los dedos manchados de sangre.
La caza y la pesca representan más del 90% de las exportaciones del territorio.
- Sin propiedad privada -
De regreso a Sisimiut tras una salida de caza de focas a la que la AFP asistió a bordo de su barco, Karl Jørgen Enoksen subraya la importancia de la naturaleza y de su oficio en Groenlandia.
Aún no puede creer que un aliado como Estados Unidos se muestre tan hostil hacia su país.
"Es inquietante. No puedo creer que esté pasando. Solo intentamos vivir como siempre lo hemos hecho", suspira este hombre de 47 años. La noción de propiedad es, además, ajena a la cultura inuit, caracterizada por el compartir y un profundo vínculo con el territorio.
"Según las tradiciones groenlandesas, nuestros lugares de caza no son privados. Cuando otros cazadores están en las tierras donde cazamos, simplemente pueden unirse a nosotros", explica.
"Si Estados Unidos llegara a comprarnos, imagino que nuestros lugares de caza también serían comprados", especula. Algo sencillamente impensable dice, recordando que su actividad ya se ve afectada por el calentamiento climático.
No desea ver a sus hijos heredar una "naturaleza dañada".
"Nos corresponde a nosotros cuidar de nuestra tierra", afirma.
(E.Taylor--TAG)